Wednesday, December 26, 2007

las aves se persiguen con graznidos


busco tu amplitud
tus hundimientos
tu paraje de boscajes asombrosos
la sensación de estar adentro
y succionarlo todo…

el sonido de algún susto
o de algún símil invariable me sofoca
creo ver entonces tu centella
y pliego estas dos alas estimulando
la estridencia de tus huestes:
escultóricas extremidades serpentarias…

el ansia se me moja en terciopelo
en anémonas de morbo
y de dulce anchura descarnada…
en evasión de atolladeros me libero
encandilado por la luz que nos emana
una granada de mordiscos…

de nuevo hay que encontrarnos
de nuevo olfato y pico
lavar la hulla del pasado
surcar los corredores del cortejo
en llamas y en exceso…

surcar las nubes eyectables y los lotos
la exquisitez de nuestras sombras
la paz facial del aire
del aire y de los huesos
de los huesos que penetran nuestro vuelo…



Fotografía de Animatus Series, de Hyungkoo Lee
The homo species, Korean Pavilion
52nd International Art Exhibition, La Biennale di Venezia
Archivo personal © Rafael Romero, 2007

Friday, November 30, 2007

topos uranus


no busco pensar en todo esto, lo sigo viendo…
montañas blancas y paralelismos
desde una cama que no me vio nacer un día,
formas miles de morir y sólo una
de emerger del saco en gelatina;
la voz de Rafael me llama, la siento,
su voz entre las zarzas de la bienvenida,
entre el chocar del mar desnudo;
allí me participa para insuflarme afán bendito,
me llama a la morada de los sueños
y hace que recuerde el sabor de su manzana,
el alfabeto, la costra de los torpes años,
la divergencia del amor acomplejado:
es la mayéutica que ya no me perturba,
es el momento previo al paso tibio cero;
y luego es la llegada de la maravilla de la niebla,
y los labios relamiendo mariposas grises
y montañas blancas y aserrines,
también el aire, una sola sangre entre lo dulce;
Rafael me llama con su voz plateada
y yo no busco reponer en eso, lo estoy sintiendo…

Friday, October 26, 2007

de cómo desatendí el "no lo hagas" de Monterroso y caí en esto


Había una vez un Cuervo que, aburrido ante la monotonía de la campiña e influido por los rumores de una eventual escasez de alimentos, decidió marcharse a la ciudad a ver si podía entretenerse un poco y cambiar de aires. Un viernes, al terminar de invadir algunos maizales y llenarse el buche, voló en busca de la urbe. Allí pasó el fin de semana; entre inquieto y asombrado, con las patas tensas y nerviosas, viéndolo todo desde las peladas copas de los escasos árboles, sin atreverse a integrarse a la vida citadina, excepto la vez que le apeteció abusar de una inocente paloma que se alejaba del grupo en una plaza. Como no podía volver así como así, sin dejar huella de su paso, el domingo, antes de su vuelta, se coló en una charcutería. En un descuido de los dueños, hincó su pico en un trozo de lomo y echó a volar como pudo. En el aire quedaron los chillidos de la gente y un par de plumas que perdió al rozar contra el marco de la ventana.

Cansado por el trajín del viaje, con el pescuezo dormido y casi sin fuerzas para seguir sosteniendo el tesoro que llevaba en su pico, se vio obligado a posarse en un naranjo, a medio kilómetro de su nido. Pero el peso del botín y un leve resbalón a causa de la casi nula energía que tenía en una de sus patas, lo hizo tambalear y sucedió lo que temía. Justo en ese momento, la Zorra, (disfrazada de granjero, obedeciendo la sugerencia del primo Lobo, que más de una vez fingió ser oveja, con éxito) pasaba por ahí, a gatas, fingiendo recoger frutos caídos. Pocos segundos bastaron para que la pezuña enganchara lo que acababa de caer del cielo. Indignado, puesto que se disponía a bajar y recuperar el trozo de lomo, el Cuervo no tuvo más que aletear de vuelta hacia la rama y maldecir en silencio al inoportuno granjero.

No puedo reclamarle, pensó enseguida, los humanos enloquecerían si supiesen que hablamos. Entonces, satisfecha por tan fácil logro, la Zorra se quitó el disfraz de granjero y soltó una risilla de lo más pedante. El Cuervo deseó ser un kamikaze y lanzarse sobre aquel lanudo mamífero y asesinarle; pero tampoco era tan torpe como para arriesgar el pellejo de aquella forma. ¡Nobody does it better, mi querido Cuervo!, habló la Zorra, en antaño tenía que escoger mis mejores halagos para que se cumplieran las máximas de los grandes fabulistas. Además, tampoco deberías fiarte de los humanos, claro, por si pensabas que un granjero iba a tener el detalle de devolverte un entremés como éste. Dicho esto, el Cuervo optó por alejarse lo antes posible del fatídico escenario y voló directamente a su nido. Desde aquel día, las malas lenguas aseguran que el pobre anda enganchado a la bebida y a los ansiolíticos.

Thursday, July 26, 2007

que la palabra me libre... ora pro nobis



Dice un proverbio hindú: “Antes de que tus palabras salgan, asegúrate de que serán más valiosas que el silencio”. Alguien lo citó en un programa de televisión y me cayó como maná del cielo. Yo ya hace tiempo que no hablo, que me remito a repetir lo que todos decimos como parte de un engranaje y de un sistema. Hola. Sí. Te llamo luego. Lo que quieras. También se está bien así: dejándose llevar por la corriente, encajando, quedando bien, acertando, respondiendo como el resto quiere. Tampoco he escrito nada; he llenado formularios, he firmado la entrada a mi trabajo, he saludado cortésmente a mis conocidos en correos electrónicos y he garabateado números telefónicos y direcciones en post-it de colores. Con el paso de los meses, “hablar” y “escribir” se han desplomado de sus respectivos pedestales y ahora se revuelcan en el fango junto a esa peste de verbos alienantes y rastreros. Sin embargo, la parte menos infectada de mi mente no descansa y sigue ahí, moviéndose, como la cola recién mutilada de una lagartija. A veces, cuando por satisfacción propia o ajena me desplazo y permito que esta ciudad se regodee ignorando mi tímida presencia, siento leves pinchazos en mi nuca, una especie de hormigueo. Entonces me da la sensación de que estoy siendo rescatado por algo/alguien y de inmediato empiezo a concebir la idea de “escupir” en lugar de “tragar”. Son momentos muy precisos que se repiten a lo largo del día, de manera natural y repentina, siempre acompañados de... (aquí viene lo mejor para mi ego urgido de dádivas y elíxires)… palabras.

…me desplazo en un desierto con olor a túnel y tormentas de partículas intestinales mientras sueño columpiarme, cegado de sol y de luna, en tus trompas de Falopio… [Sábado, 6:15 a.m., estación de metro Gran Vía, a la espera del tren de la línea 5, dirección Pueblo Nuevo, mientras noto la resequedad de mi lengua y saco una botella de agua de mi mochila Reebok Classic para darle un par de tragos. A mi alrededor, el mundo es una jungla]

…y la mugre, y el vocablo degollado, y las hordas pasionales, y el revuelo de los cuerpos, y el silencio que es alarma, que te advierte, que te incita a un renacer en solitario… [Miércoles, 17:10 p.m., sentado en la Plaza del Museo Reina Sofía, con The captain is out to lunch and the sailors have taken over the ship recién acabado, sobre mis piernas, observando un punto geográficamente nulo, entre un Starbucks no-inaugurado y la terraza de El Brillante]

…por el alma de mis muertos: he aquí la fisiología de mi alma: he ahí un decente tajo de porno-esencia-sideral: la mortaja con la que me iré derritiendo poco a poco en el cerebro de esta humanidad sin alma: refugio de furiosos muertos… [Domingo, 23:00 p.m., volviendo a casa con dos cuestiones en la cabeza: ¿Por qué no reaccioné con pesar y lágrimas contenidas cuando vi cómo era arrollado un hombre que no distinguió los colores del semáforo? ¿Qué nombre le quedaría mejor a nuestro galgo: Perry Mason o Usted?]

…de pronto, la mirada se tornó carcoma y mi alter ego se decantó por un mutis visual hacia un cubo de basura en donde vi a mi taciturna sombra, cabeza en mano, arrastrando una gran cola roja… [Viernes, 10:15 a.m., 30 °C, saliendo de un supermercado, con las axilas empapadas y la preocupación de que al día siguiente tengo que levantarme a las 5:30 de la mañana y, por lo tanto, ser prudente con las bebidas alcohólicas y el desvelo]

…es la nieve que te cubre, es un órgano salvaje, es el vino que se pierde entre tus piernas dirección desconocida... escribo como lanzando una botella al mar con la esperanza de que te quedes anclada en alguna comisura o en tus ojos que se mueven como pulpos luminosos y harapientos… [Domingo, 2:00 a.m., andando sin rumbo definido entre Sol y Lavapiés, en busca de un poco de frescura nocturna y recordando algún suceso amoroso destacable entre 1999 y 2004 para conseguir una cálida erección sin sentido. Insomnio y nostalgia juntos; dolor de pies, cansancio. Nada]

Fuera de estos chispazos y rescates memorísticos, mi silencio sigue instalado en el desierto, magnánimo y gigantesco, como una Esfinge.


Fotografía de la serie “Los Milagros” (2007), del pintor Josué Romero (Guatemala, 1974)

Friday, June 22, 2007

hola individuo


yo soy una ventana
parece ser que soy un vaso
pero mi boca es un desagüe
con poderes auditivos

al fondo va tu mierda
querido ser contemporáneo
al fondo van tus pútridas palabras
sin poderes efectivos

compartimos mundo
sol / aire y recipientes
mientras Cronos nos penetra
y sodomiza nuestro absurdo ego

y es todo lo sé
seguir sabiendo es una trampa
cuando calles y regreses a la sombra
vomitaremos juntos

destinos
piedras
circunstancias

Friday, May 04, 2007

happening on-line


Entonces, dejé a un lado mi Rolling Stone, pedí a Óscar que bajase volumen al “Release the stars”, de Rufus, di un largo trago a mi tercera Amstel y, sin apartar la vista de sus desafiantes rostros, les grité:

«¡Eso es señores, el tiempo es nuestro. Vamos a falsear nuestro striptease antropológico. Saquemos nuestro narcisismo y nuestra alta capacidad para imitar lo ya imitado. No tenemos absolutamente nada, pero haremos lo posible para parecer que tenemos algo, que llevamos algo adentro que necesita ser dicho o ser expuesto. Acumulemos palabras en textos: todo vale. Las palabras están ahí, a nuestro alcance. Volvámonos poetas y emporquemos esta mierda de mundo con versos enfermos y mal elaborados. Publiquemos libros con nuestros ahorros y nuestros préstamos bancarios. Hablemos de nuestro día a día, como si algo de lo que hiciéramos fuese a cambiar la Historia. Contemos nuestras anécdotas y pongámoslas en espacios virtuales para que todos puedan llenarnos la vista (ahora no el oído) de estúpidos halagos. ¡Qué malditamente barato sale esto de ser popular sin serlo ni un ápice! El tiempo es nuestro. Ilustrémoslo entonces con sugerentes (o no) fotografías y posters que digan: yo no soy como tú, soy diferente: tengo estilo. Que todos sepan que somos modernos, que nuestro eclecticismo es más auténtico que el monstruo del Lago Ness. Si sibarita o anacoreta, da igual; el punto es PRETENDER serlo. Miles de Pat Bateman, de Bruce Robertson, de Edith Piaf. Ejemplares taiwaneses de Vallejo, de Girondo y de Panero. ¡Mierda y más mierda! (…) ¿Pretender que la literatura se encuentre entre montañas de ropa con taras de un Lefties? ¿Quién diablos dijo que House podía ser alguna vez un buen tema de conversación, de sobremesa y de tertulia? Saturemos entonces, como buenos puercos (sufriendo estas diarreas), el reino del dios del silicio con excentricidades, frases trilladas, lugares comunes, prototipos de masturbación mental y desesperados gritos implorando migajas de atención y de aceptación/reconocimiento. Somos libres, nos lo merecemos. ¿Qué tiene de malo autodeclararnos? Tampoco está mal ser panfletarios: nuestra opinión tiene derecho a tener peso. Sigamos siendo cursis, todo lo Tellado posible. Sigamos siendo farsantes, todo lo Coelho posible. Ensalcemos la emoción pura y erijámosle una estatua como a La Sirenita. Pongámosle sustantivos sueltos a nuestras chillantes cartas de presentación: gelatina, elevador, revólver, sábana, bicicleta, lápiz, alfiler, etc., y seamos. Lo que sea, minimalistas náuseas, pero seamos. Intentonas, mediocres intentonas. Pequeños tontos dioses. Y canonicémonos, infantilmente. El tiempo es nuestro y hay tiempo para todo. Si Juan Web 2.0 puede, ¿por qué yo no?!»

Y entonces ellos, como tú, se vieron entre sí y callaron. Alguien se acercó y me ofreció su mano, pero estaba vacía y yo necesitaba monedas para más cerveza. Sólo así podía mantener viva la idea de seguir desnudo, frente a todos.

Saturday, March 10, 2007

días marginados


// la oscuridad en la que las versiones de tus besos
se hacen átomos brillantes que consagran mi apariencia
está explayada alrededor de mi entelequia /

/ por eso sigo vivo
haciendo que demore la llegada inquisidora
de lo real que permanece
de lo real que fantasea levitando en el azufre /

/ estoy en vos porque aún existe nuestra inercia
porque no está de más quedarme
mover a mi favor los peones
la pasión que la ficción le imprime a cada trazo
a cada remembranza /

/ también por eso mismo
el extenuante abrazo con la nada
con la nada que es un todo desplegado de tu esencia
del calor que es mi alimento
menester de todos estos días marginados //

Monday, February 26, 2007

momentum II


Ella se había soltado de mi mano y en su boca llevaba un bebé pingüino. Ya no corríamos. La poca comodidad de un banco de cemento, nos era suficiente. Traté de besarla y acabé vomitando. Tomó el bebé pingüino y empezó a frotarlo en sus pechos. Estaba tratando de darme a entender que quería destetarme, que ya no era necesario darme de sus pechos. Y vi su rostro, convertido en escaparate. Y sentí mi corazón, convirtiéndose en antena. Y entonces recordé que nada de eso podía ser verdad, puesto que, para empezar, yo aún era una niña. Y el Sol titilaba, como nerviosa estrella cansada de estar en el mismo altar de siempre. De pronto, Ella lloraba; el pajarraco había huido de sus manos. Yo veía el suelo. Yo veía como brotaban pequeñas cabezas de alfiler en el suelo. Ella me dijo que vendría más seguido; tres veces cada año bisiesto. Por su olor a forastera, supe que mentía. Y el Sol allá, histérico, llamando la atención de los mortales. Quiero que me penetres antes de la medianoche, me confesó cruzándose de brazos. No respondí. Pasó un minuto. El golpe que me hizo entender que debía obedecer, cambió mi estado. Entonces nos pusimos de pie, robamos una bicicleta de madera y pedaleamos juntas. El eco de la tarde reverberaba en mis oídos. Besé su vulva de cera derretida. Había anochecido. Ella era el Limbo y yo su idea prematura. Los días oscuros en los que cerdos decapitados aparecían para incitarnos al delirio, habían terminado. En algún lugar de su cuerpo, más allá de su blusa de satín, quedaron mis ojos taciturnos.

Tuesday, December 26, 2006

genitálisis

En el Principio, la frialdad del metal existía. Dios pensaba a ratos en Adán; quizás en Eva.




Falo y Matriz: la Historia es un hambriento perro-robot que, mediante desnudos sensores, asegura que su cola es un bocado digno de ser digerido.





Días tristes / días intensos. Circunferencia interminable.

Monday, December 11, 2006

esto no es un confesionario


Hasta ahora aún experimentando, destapando otra cerveza y esperando que algo aparezca y me llene la mollera de entusiasmo. Cada vez me cuesta más venir y sentarme a escribir como un niño. De cierta forma todo se va alejando. Yo también me he alejado del punto cero. Ahora testifico mis distancias y reconozco que disto más yo que ellas mismas. Cierro los ojos y me concentro en el sabor amargo de la cerveza a las dos y media de la madrugada. No suelo dar detalles, no suelo contextualizar, no suelo dar la hora. Hoy me excuso ante mí mismo; la necesidad es grande. Desde hoy ya sé que cada madrugada, por muy simple y conservadora que sea, puede ser peligrosa. Lo cursi me persigue. Todo parece ser un riesgo. Cualquier paso en falso, una mina; cualquier alusión equivocada, una detonante. Ya exploté otras veces. La incomunicación fue mi testigo y ella más que nadie sabrá extender el relato y atiborrarles de morbo la cabeza. Extraño lo imposible, lo que ocurrió pero jamás quiso haber ocurrido. Así fue. El curso misterioso. Las circunstancias. Me estoy enamorando de esto, de la especulación de mis estados.
Hay un sol que en la madrugada existe. Es el sol de los ciegos, el sol de los malditos. Lo he visto tantas veces, lo conozco de memoria. Justamente ahora vuelvo a recalcarme que todo ha sido un desperdicio. Sin embargo, éste es el mejor lugar que pude haber elegido para desperdiciar mis años y mis ideas. Me he quedado solo poco a poco, con el zumbido azul del tiempo que se esconde en los relojes. Al fondo de estas quejas disfrazadas de soliloquio, hay algo reconfortante, algo que me impide desertar y fungir de cobarde. Si soy una causa perdida, qué importa. Las grandes cosechas nunca han sido parte de mi vida. Ustedes lo saben. Siempre me han recriminado mis recurrencias a lo procaz y subterráneo. Siempre han despreciado mis valiosas avalanchas. Quisiera poder compartir este sol que se cuela en mis retinas con ustedes. Compartirlo, conllevarlo. Hacer que todos lo consumamos. Adornarnos con él y salir a la calle para exhibirlo. El rostro de la gente se ablandaría. Ahí, dispersos, quedarían también sus estómagos reventados y sus cuerpos bonancibles; bien podríamos arrojarnos sobre algunos para comer y engañar cristianamente a nuestro instinto con meras analogías.
Que venga otra cerveza. No me importa lo que piensen. Descargo y cargo mis pistolas. Alguien podría aparecerse e interrumpir mi improvisado discurso. Trato de sincronizar mis intenciones con mis resultados. Ojalá aparezca alguien. Estoy aquí, lamiendo el piso, dispuesto a todo. He llegado a permanecer absorto hasta casi cuatro horas debido a la inmunidad del ambiente. Pocas cosas suceden que puedan retener mi atención por un lapso considerable. Y es que lo que me interesa es sumirme en el huracán que invade mi cabeza e irme lejos. Otra vez manosear la distancia, masturbar la distancia, mordisquear la distancia. No puedo. Rompí mis dientes al caer desde mi artificial tabernáculo. Un semi-dios borracho avergonzado de sus propias vanaglorias, de sus vuelos restringidos; castigado por anticiparse a la apoteosis de su ego. Mis dedos comienzan a endurecerse; diez falos empinados o simplemente un ataque de epilepsia. Luego las preguntas tontas que dan a luz los altibajos. No voy a contestarlas. Esto, entiéndase bien, tampoco es un confesionario.

Monday, September 18, 2006

sacramentos



6

Es la cuarta botella de ginebra que compro esta semana y estamos a miércoles. Angélica tenía razón: soy un desastre. Jamás fui capaz de prometerle un futuro. Mi mente siempre estaba ocupada en arrebatarle un poco de vida a este planeta. La sobrepoblación no es tu maldito problema, me decía ella, Angélica, mi ex novia, aunque no tuviese ni la más mínima idea de lo que estaba diciendo. Ahora que me doy cuenta, me resulta difícil no incluirla en esta historia. Habría comprado un anillo con el dinero de la tercera edición de Metanoia, creo que es eso lo que más me duele. En fin, ahora que nos separan millas y millas de distancia y que cuando menos me lo espere, me mudaré al cementerio que queda al fondo de la calle, todo lo que diga lleva implícito desde ya el sello de caduco e inservible. Los miércoles, precisamente, eran los días que más trabajaba. El plan de exterminio lo elaboraba el fin de semana y lo retocaba los lunes, mientras me drogaba. Drogado, las vidas que pronto iría a convertir en muertes, me importaban lo que una oxidada moneda a un millonario. Luego me daba por esconderme en el closet y pretender que alguien me buscaba y que al abrir una de las puertas del closet, ¡buh!, lo asustaba. Era lo que hacía de niño, cuando me quedaba a dormir en casa de mis primos. Una vez, mi prima Monse se orinó del susto y me golpeó con el tacón de un zapato de la tía. Juré matarla, pero en vez de eso, tres años después, la besé en la boca e hice que tocara mi pene. Era nuestra Primera Comunión, creo.

Fragmento de O - Rafael Romero © 2006

Monday, September 11, 2006

atalaya

suelo vigilarte
desde el suelo en donde insisto
en donde amarro mi obviedad
y me distraigo maquinando
una revuelta

suelo retraerme
de la acción que es traicionera
de los grandes desafíos
pero entiendo que las manos ulceradas
son amables

dondequiera
que ahora mismo te liberes
haz de cuenta que no existo
mi conciencia reclutó los nexos
acéptalo conmigo

sólo el ojo
es absorbente de las cataratas
en caída más que libre y espontánea
adentro confluimos sin imaginarlo
adentro bifurcamos

tengo sed y ansia
desde el suelo en donde insisto
en donde el frenesí es demiurgo
de arrebatos y furores primitivos
de desgracias


Saturday, September 02, 2006

violencia (o el chillido de las mariposas)*


*Anécdota producto de la desmedida ingesta de coleópteros y de este inevitable anacoretismo.


Diez meses más tarde Cipria, la aérea, seguía allí, encuclillada, orinando sobre la hojarasca que cubría la rústica tumba de su hermano. Imposible que su perfecto contorno ensamblado al de los detalles de la plácida y afable campiña pasase desapercibido. El púbico lunar comestible, el relieve de las venas en sus manos, la magia de sus glúteos empinados, el almíbar de su efluvio clandestino; todo allí, parodiando a una perversa estampa que en el ocio agudo de Gimelia se hacía algo más que fotografía. El súbito descontrol en su estática de dolmen celeste, la instaba a frotar sus genitales hasta suscitar el asco que la moral defeca en toda naturaleza humana adjunta a una sociedad salpicada por la dialéctica del engaño.

A pesar de la fugaz continencia de Gimelia, el dorso de Cipria aparecía suscrito a su boca y aquel pequeño ano electrizado ya no era ese poro contráctil que se ocultaba al ritmo de las inevitables contracciones; al contrario, era la trompa misma de un pez dispuesta a recibir el anzuelo. Entonces Gimelia preparaba un té de menta y, encerrada en su escabrosa habitación repleta de posters jamás populares y de plantas disecadas, buscaba enfocar su hambrienta vista en un objeto intrascendente para poder distraer su irrecuperable fijación hacia la imagen de Cipria. Por pura inercia, se afianzaba de esos accesorios para maquillaje y aspiraba a jugar con ellos, pero lo único que se apreciaba en su espejo en forma de burbuja, eran dos pechos palpitantes sirviendo de base a dos recios pezones refulgentes y desesperados por ser tomados en cuenta a la hora en que el ímpetu fuese desatado.

La incontenible orina de Cipria estaba también en las cálidas piernas de Gimelia y ésta se olvidaba de la tumba, del hermano que nunca tuvo, del incesto que nunca llegó a perpetrar, del destino. Quizá sin desearlo, un llanto que a muchos les hubiera parecido fingido, surgía del demacrado rostro de Gimelia; ella no concebía su incapacidad de borrar de una vez por todas la rara presencia de Cipria, que seguía allí, encuclillada, pujando laboriosamente para que las ganas no cesasen nunca.

Y la cálida orina y su ámbar bañaban el cuello de Gimelia; el filtrado líquido se expandía por entre los pechos hasta posarse en su ombligo. Y ella no sabía otra cosa más que suponer que alguien la estaba bautizando; pero le dolía saberlo, pues le costaba aceptar que fuese apta para tales ceremonias. Sin creérselo demasiado, temía que en el fondo se estuviese cumpliendo uno de tantos deseos reprimidos; pero encontraba ridículo adjudicarle la culpa a Cipria; de entrada, porque sólo la había visto una vez, en el cementerio; y luego, pues porque era a Cipria precisamente a quien estaban enterrando.

Sin embargo, la historia de Cipria no habría de acabar con pueriles acosos imaginarios en la corta vida de Gimelia, incluso cuando ésta trató insistentemente de mudarse de cementerio. A un año de su muerte, en una tarde de ésas en las que revientan los capullos y hay chiquillos por todas partes robándose las flores y las lápidas de mármol recién colocadas, el olor a urea invadió su reducido espacio; una gotera incesante de líquido amarillo claro le produjo escalofríos y en sus níveas piernas se estrujó la geografía de sus muchos ligamentos, hasta que cerró los ojos y, pasase lo que pasase, imploró jamás abrirlos de nuevo.

Sunday, July 23, 2006

Larry Cabulba dilucida acerca de una profecía


«…si tan sólo mi cabeza se vaciara y pudiera borrar todo lo que hasta ahora me ha sucedido. No me importaría empezar a vivir desde esta edad con tal de olvidarlo todo. No importaría aprender a caminar, a hablar, a leer y a escribir de nuevo. Ya sé, ensuciaría mi ropa, defecaría libremente, lloraría a rienda suelta, me orinaría sin sentirlo, gatearía, etc., como parte del debido proceso, y sí, me importaría poco con tal de no saber nada, de no sentir nada, de no recordar nada. Todo volvería a ser interesante y mi espíritu lo captaría mejor puesto que su contaminación todavía sería insignificante. Pensar que desconocería a quienes ahora conozco es la mayor excitación de esta utopía; sin olvidar, claro, las ganas de que algún día se cumpliera este deseo...

...ya grandecito, saldría a la calle a burlarme del mundo. Entraría a los templos a rascarme con desesperación la cabeza, prolífico huerto de menuda y sucia greña, y me pasearía por los parques riéndome conmigo mismo mientras escupo mis excesos de baba y de saliva. Esos rostros civilizados me incitarían a descubrir el remordimiento y la inquietud de ser simples monigotes con el porvenir falseado. Todos, mártires de un leve pánico autosugestivo, sospecharían el escondite de un posible cuchillo o de un palo de escoba —histórico simulacro de un sable o de una espada—, debajo de mi saco, y se harían la idea de una peligrosidad latente con cada uno de mis pasos. En fin, huirían de mí al instante...

...lo más gracioso es que la única prueba de existencia para mí la tendría mi pensamiento desvariado, fuera de contexto, infantil y despreocupado. El resto sólo serían figuras, allí, sentadas o de un lado para otro, moviendo sus extremidades y vistiéndose con ropa para diferenciarse. Entrando y saliendo de un sitio determinado y relacionándose, según intereses, según conveniencias. Yo caminaría sin rumbo fijo, desequilibrado por las luces y los ruidos. No habría necesidad de ir a ninguna parte, y menos con una mirada tan perdida como la que me provocarían. Los conceptos de cielo y paraíso tendrían más sentido y dejarían de ser tan convencionales, sin duda. Adiós a ese contacto viciado, a esos hervores de personalidad e importancia, a ese motor que nos impulsa hacia emociones hilvanadas por el fastidio de la propia vida. Adiós a la manía de situarse en un espacio y en un tiempo...

...seguro de no haber tropezado con el deseo de adherirme a alguien del resto, pronto me rehusaría a escucharlos, a comprender lo que ni siquiera hemos comprendido, a darle un uso a mi memoria. Vos estarías con ellos, te asomarías frente a mí para gestualizar lo decepcionante que soy o para reírte de mi pragmática manera de remar contra corriente llamando la atención de los peatones. Indignada, no dudarías en echarme en cara mi inmadurez y mi escapismo. Pero yo no tendría ni la mínima intención de reconocerte; tampoco podría, si quisiera. Niño, disfrutaría la omisión del tener que y del deber pasando mi larga lengua por la aspereza de mi podrida dentadura y gritaría sin temor de nada, sabiendo (intuyendo) que no habría de qué arrepentirse, pasando cerca de vos con mi tufo, mi comezón y mis zapatos hechos pedazos...

...¿quién podría entonces explicarle algo al resto de los considerados “semejantes”? De ser lo que son para mí, pasarían a irrefutables espectadores. Y nada me alegraría más como oírlos alejarse de sus asientos y largarse a asumir sus roles y a mentalizarse con un ¡Dios nos libre!, o bien, haciendo caso omiso de lo presenciado. (Los he observado y los conozco tan bien; de allí que codicie olvidarlos.) Pero la debilidad es inmanente y en cualquier momento brotarían los cuestionamientos y las dudas. Yo andaría deambulando en pleno corazón de madrugada, libre, aprendiz de la nada; mientras el resto estaría domesticando su conciencia, sobornándola con farsas impensables y evitando los embrollos recurrentes. Imposible. Hoy sé que es imposible. La hiperactividad tampoco es la salida; lo digo porque estoy seguro de que también acudirían a ella con tal de matar el tiempo que los acosa, con tal de no saber de mí ni de mi acoso...

...algún día, no sé cuándo, me tomaré la molestia de invadir el espacio destinado para sus caballos blancos y descuartizaré, tan lúcido y lúdico como un criminal incorregible, a cada bestia, hasta que no quede más que crines y estiércol ensangrentados…»

De Ratario (Conmemoración de los posibles días) © Rafael Romero, 2004

Sunday, July 09, 2006

take the money and run


siempre. la transición y eso. lo crucial. lo decisivo. la antiterapia de la vida. ahora frases cortas. cohetillos. reducidos petardos alfabéticos. el fluido misterioso de la prosa y el abandono momentáneo de los versos. soy yo. esto. aquí. tan vulnerable como una herida abierta, como un cadáver bellamente expuesto en la intemperie. así ha sido. se filtra la tristeza en mí con su cíclico proceso, con su método mareante cada vez que intento unir mis párpados cansados. estoy aquí, atareado, tratando de salirme de este cuerpo. algún día podré alejarme de tus pasos. algún día habré de liberarme. no te estoy culpando. te condeno de por vida.

yo soy: anagrama narcisista. (también hay que reírse un poco).

vuelvo aquí. el limbo de mis años más inquietos me contiene. conozco bien sus calles; ésta, por ejemplo, la recorrí mil veces, agobiado por las despedidas. despedirse. desatar malditamente el nudo. ¿Por qué no un nudo ciego? la hora para contenerse va acercándose a paso de asesino impío. ansío que la transición no tarde tanto, que duela más que nadie, que la transfiguración sea agilizada por el estuco lagrimal que todavía llevo encima.

es o no sé: anagrama dubitativo. (sigamos).

mi estado se convierte en alabanza, en subjetiva letanía en contra de los hechos que suceden para disgregarme. el no saber qué hacer me inclina a lo de las evocaciones: presentes, futuras. no hay prejuicios, tampoco pretensión y menos sentimentalismo. es la fiebre de lo triste. la gente solitaria vive más para contárselo a los muros, para cantárselo a los gusanos. la gente que ha vivido de ascensor en ascensor, abovedada, presa de los altibajos. otra vez. la piel se eriza. signos y señales. dolor en todas partes. espíritu volátil vapuleado. irraciocinio. corazón. babeante golondrina en su pantano. vivir en busca de una mísera palabra, de un bocado de atención, de un simple gesto. pero no. aquí, patéticamente así y más que eso.

oye, tú… sí, tú… si algún día lees esto, acuérdate de la esperanza and take the money and run.

Friday, July 07, 2006

asciendes con el viento (in memoriam)


no quieren despedirte todavía
pero el cielo te reclama
entrégale a tu ángel esos ojos
y abandónanos un poco

llevo adentro la cadencia
de tus últimas palabras
y este nudo en la garganta
que me impide repetirlas

no, no Rebeca, no quiero hacerlo
no voy a blasfemar tampoco
a la vida hay que tratarla
como si en verdad valiera tanto

perenne entonces la catarsis
y los rostros que se funden
en un manto de perpleja sintonía
mientras el umbral aguarda

que cada una de mis letras
caigan y se estrujen con la fuerza
que te mantuvo asida a Esto
a donde más se te necesitaba

despacio…
¿oyes?
el viento...
se acerca
cerca
ahí
ya

Sunday, June 18, 2006

hibernación y maldición anacoreta


La próxima vez que lo sienta, lo dejaré salir con la pasión de las orugas que se aparean invisiblemente y no repararé en las consecuencias. A veces ya no distingo entre mi sugestión y la fiel intuición que me fue dada. ¡Qué confuso! Si tan sólo pudiese encontrar la forma más plena y profunda de decir las cosas, de llegar —haciendo uso de una explícita mirada que logre detonar los pistones del alma de mi objetivo— a no ser tan repulsivo. La próxima vez, si la hay, me sentaré a contemplarte hasta encontrar en tu cuerpo mi propia vereda.

Buenas nuevas desde lugares lejanos. Sorpresas. Dejar que los demás tomen la iniciativa cuando está cerca el fin del mundo. Dejar que los demás sigan su camino a cuesta de mis resbalones. La distancia haciendo flecos con papel sarcasmo y riéndose de mi contrariada alegría de lacayo al servicio del sentimentalismo. Con pálidos rasgos de animal exhausto recurro a la estática y allí permito que un fantasma me columpie con sus memorias de otras vidas. Luego, siendo no más que un artificio (pues así es que me percibes), me aviento a lo inconcluso y circulo sobre mi cabeza, girasol que mataría por ser una jirafa.

Sí, en Londres tienen razón: soy un personaje de escritor mediocre e hiperconfiado. Lo sabía. Camino demasiado rápido por las calles por las cuales hay que hacer escalas para impregnarse de narcisismo. Soy un abducido. Danzo y sudo con el polvo de los huesos del ser que no fui ni seré nunca. Busco encenderte los labios para fumarte. Ah, pero acabo de escaparme, eso lo explica todo. Además, suelo inspirarme con el desorden de las cosas y con la conducta de aquéllos a quienes les pesa la realidad y la envuelven como si fuera un bulto y la tiran a un barranco.

Mi corazón está tan lejos de mi pecho, exiliado en un desaire y en apuestas de fisgones que vinieron para espiarme. ¿De qué sirve cubrirse el quemado rostro con las lúgubres manos en señal de estarse lamentando? Lamerse las rodillas, delirar, buscar pepitas de oro entre el ripio, practicar engaños: eso sí funciona, es real: daña, beneficiosamente daña. Hay pájaros que a altas horas de la noche descienden a mi hamaca para rascarse la nuca con mis escamas. ¿Por qué no vienes tú a deslizarte conmigo y a darle de comer a estos plumíferos que parecen gorriones? Permitirse un arranque de instinto y de sentires escondidos es todo un proceso acuático, que termina con barcos anclando mar adentro y sirenas menstruándonos la frente.

Hoy no quise morir ni un sólo instante, preferí salir al patio (sólo al patio) y esperar a que un recuerdo se expandiense en mi cabeza y me brindase una sonrisa. Sin embargo, los recuerdos se han ido, como volutas de humo contaminante.

Monday, June 12, 2006

no intentes saber lo que llevo dentro (ni forniques con mis palabras)

He visto una gota de semen atorada en el ojal de una aguja de acero inoxidable, que vibraba ensartada en el pescuezo de un ave migratoria (y no de una paloma) / He visto desmoronarse una nariz en el pecoso rostro de un sidoso en menos de veinte segundos sin que nadie se alarmase / He visto cómo el aliento de una prostituta se petrificaba mientras se arreglaba frente al espejo luego de una faena de cinco míseros minutos / He visto a un hombre recolectar luciérnagas para exprimirlas en sus ojos y prolongar la llegada inminente de la ceguera / He visto un minúsculo mendrugo que después de ser hallado en una bolsa de basura, desapareció en las manos de un niño de la calle.



NO ME DIGAS QUE HAS VENIDO PARA ESTO PARA ESTARTE ASÍ PARA VENIR Y NO QUERER ABOMINAR PARA VENIR Y NO DECIRME NADA PRETENDER SALIRTE CON LA TUYA ERROR ERROR ERROR ERROR ERROR ERROR ERROR E

He visto a una hormiga enmudecer a un borracho al triturarle afanosamente las amígdalas mientras éste dormía derrumbado en el riachuelo de un desagüe / He visto la barbarie en las comisuras de unos labios jamás besados / He visto a una mujer inquieta por la aparición de seis costillas más en el lado izquierdo de su obeso cuerpo / He visto cómo de mis poros se desprende un halo mortecino que me recuerda que la descomposición es un lento bolero que se ejecuta con parsimonia de beato… ¿Puedo hablar ahora de algo que no sea de mi vida? ¿Puedes quedarte en tu sitio a contemplarme un poco, con algo de veneno y sueño?



NO INTENTES SABER LO QUE LE PASA A LA VIDA CUANDO EXPLOTAN LOS SUEÑOS A PLENA LUZ DEL DÍA NO INTENTES DESCIFRAR DESCIFRARME NI INTENTES SABER LO QUE LLEVO DENTRO NI FORNIQUES CON MIS PALABRAS

He visto nacer una mosca en la úlcera de un pecho lapidado / He visto el centro de la confusión en una radiografía urbana / He visto a una niña tuerta que lloraba mientras observaba cómo de mis ojos se escapaba alguna lágrima, de sangre / He visto florecer el paraíso en una tumba de tierra, con cientos de huellas de zapatos viejos encima, desfigurándola / He visto flotar una lengua ennegrecida en un tazón de caldo hirviendo; estaba viva y mientras se movía, el ectoplasma de una vulva se formaba con la grasa que flotaba en la superficie / He visto un toro rojo tratando de remojar su torcida quijada en un pesebre rebosante de materia gris y de creolina

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Tuesday, June 06, 2006

perplejidad (atónito ante la extrema dureza)


veme bien
por última vez,
aunque me duela,
antes de que
este cuerpo
se oscurezca
en un reflujo
de insectos asesinos;
acuérdate
de las promesas
y los sueños
cuando creías
ver en mí
la panacea
a la insistente
incomprensión
que te supera;
cuenta
mis palabras
y por única ocasión
permite
que se queden
un momento
en tu garganta
y repítelas conmigo:
«no volveré,
ya puedes respirar
tranquila,
seguramente hoy
empezarás
a liberarte
de lo que sucedió
en ninguna parte»

saboréala
perplejidad se llama
y es permanente


Fotografía de Marcos López © 2002.

Saturday, May 20, 2006

consideraciones primarias acerca de lo eterno


Yo me puse a llorar, pero no de una manera normal y formal, es decir dejando que mis lágrimas se deslizaran suavemente por las mejillas, sino de una manera salvaje, a borbotones, más o menos como llora Alicia en el País de las Maravillas, inundándolo todo.
Carnet de baile, ROBERTO BOLAÑO en "Putas Asesinas"


La tristeza está ahí, parasitando eternamente.
La tristeza se desplaza por el torrente sanguíneo, se interna en el cerebro y va a explotar al corazón como si fuese un proyectil o una granada.
¿Buscar el sentido?
No hay muchas esperanzas que copen el desasosiego y la incertidumbre.
Al alzar la vista, no hay respuestas; al dirigirla hacia el horizonte, un páramo desértico y aves carroñeras.
¿Resignarse?
No existe obstáculo más grande que la tristeza.
El llanto que ahoga la voz, las lágrimas que deforman los ojos, el fluir de la desgracia sobre el rostro.
El abismo está a pocos metros, haciendo guiños, llamando amablemente. Aparte de absurda, la vida también es irracional, terriblemente incongruente, puesto que ha trazado caminos que no conducen a ninguna parte, que al final sólo propician una buena cuota de fluctuación, que más es miedo, que más es tristeza disfrazada, que más es eso y no otra cosa.
Alejarse de cualquier camino ya trazado, de cualquier camino por trazar con herramientas de segunda, compartidas.
La vida es bella en teoría.
La vida es una teoría que ni siquiera alcanza a comprobarse; excepto si se sufre.
Beber un vaso con tristeza, vomitar tristeza, extirparse un grano de tristeza, hacer fila con las manos limpias para recibir tristeza.
Los ojos son un par de vejetes embusteros si afirman que esto es bello.
Una joroba de lágrimas, un peso que hay que cargar en una cuesta, un balde que se va rebalsando pero que nunca se vacía por completo.
Vivir en una telaraña de tristeza y no saber cómo despegarse ni adónde ir cuando la araña esté dormida.
El problema radica en ignorar esto y otras cosas, o más bien, no querer saberlas. Llorar está bien, es natural y hace bien al organismo, se dice.
Dormir y despertar llorando, ¿es natural?
¿En dónde se aprende a dejar de llorar?
El sufrimiento, el verdadero sufrimiento no desaparece, se camufla adentro y allí se está, como invernando.
Luego brota disfrazado de temor, de rebeldía, de ira, de pesimismo, de adicción, de autosuficiencia, de asco, de locura, de evasión.
Tristeza y sufrimiento, monstruo bicéfalo, bastardo de la realidad, de la conducta humana.
Fingir escapar hacia unos brazos que quieren alejarse.
Fingir trazar un camino hacia la felicidad, hacia la prosperidad y los mejores momentos de una vida: la mejor retahíla de mentiras certeras.
El arte nos da una mano, temporalmente.
Asirla entonces, fuerte, hasta quedarnos con el pellejo entre los dedos, aunque sea.
Pero cuidado, al dejar el cuerpo, triunfalmente, algún día invernal con olor a carne muerta, nos llevaremos consigo algunos jirones de tristeza (y nada se podrá hacer para evitarlo)


Rafael Romero Manifiesto © 2005.