Wednesday, September 21, 2005

caldo de egos


Llegar de nuevo a un punto. Un punto conocido en donde la realidad se hace manifiesta y constriñe fuerte. Parece no haber nada distinto en el mundo. Todo se repite y los detalles cambian, pero la esencia es la misma. El ego es como una hiedra que se extiende por los muros y atraviesa patios, casas, ciudades, países enteros. La realidad escupe ego por todas partes. Hay ego en sólido, en líquido y en gaseoso. Hay miles de opciones mercantiles, casi: egoísmo, egocentrismo, egolatría, egotismo y demás ramificaciones. Hay un ego atómico en la lengua de todos nosotros. Es como una papila gustativa; o mejor dicho, como una postemilla. Una bella postemilla o un diminuto brote de pus. MI REALIDAD ES ESO.

Pecar de iluso sería pasar por alto lo que este punto (al cual se llega cada cierta temporada, luego de habernos arrastrado como gallinas ciegas por un sendero propenso a las pisadas del caminante) nos revela. ¿Debo callarme, protegerme y no reconocer públicamente que soy un ser verdaderamente detestable? Este ego (propagado y empollado con toda la delicadeza del caso) me hace escribir, vestirme así, no rasurarme, emborracharme, hablar de este país como si fuera el mejor, enamorarme, defender mi cultura, viajar, saludar a la gente en la calle, criticar perdidamente, deshacerme de quienes impidan mi felicidad y desarrollo personal, usar falacias, sentirme atacado, consumir, creer que todo lo puedo, ser frívolo, fornicar, etc. ¡COSTUMBRES, MANÍAS Y HÁBITOS DE MIERDA! ¿QUÉ MÁS SE PODÍA ESPERAR?

No pregunto porque lo ajeno me parece poco interesante. La vida de los demás es intrascendente; todo lo contrario de la mía. Sin embargo, si me preguntan mucho, me molesta. Soy elitista, clasista, racista, xenófobo, misogámico, narcisista, morboso, misántropo y un montón de cosas más, pero SOLAPADAMENTE. (Repitan esta palabra separando sus sílabas y con énfasis docente: so-la-pa-da-men-te) ¿Acaso soy el único? No. (Ya quisiera) Mis semejantes y yo: un caldito de gallinas ciegas. Llegamos a este punto arrastrándonos a oscuras, no QUERIENDO VER. Los ojos hacia adentro, para apreciar mejor la apoteosis de nuestro ego; a nuestro ego en pañales, gateando, correteando por los pasillos, caminando por su habitación, puliendo su trono de huesos y enfocado en no ceder espacio y acaparar toda la energía de nuestros ojos (que son también los suyos).

Mi intención nunca ha sido generalizar, pero es que al llegar a este punto, no tengo más alternativas. Todos estamos juntos, en el mismo balde, listos (aunque ignorándolo) para ser devorados por algún roedor salvaje. QUOD SCRIPSI, SCRIPSI.

4 comments:

Anonymous said...

LL ego como un tal ego de imbeciles.
A vos te entr ego al roedor.
No soy judas ni lamebotas.

SOY EGO.
YO SOY.

malena said...

El ego es el dios de siempre. No seríamos lo que somos sin él. Lo que sucede es algunos nos inyectamos más de las dosis permitidas y andamos con paso más fuerte. Con tu texto, no me doy cuenta de nada nuevo, pero sí disfruto de cómo lo planteás... porque no sabía que también yo fuese una gallina ciega.

j said...

Y tenías que recordárnoslo? Echárnoslo en cara? Siempre es lo mismo con vos. Pero gracias.

Anonymous said...

Quien no viva del ego, que lance la primera piedra. Así es el humano, ¿qué se le puede hacer? ¿Por qué crees que hay tanto asesino suelto? El ego está detrás de todo. Interesante post. Saludos.

FER