Saturday, September 02, 2006

violencia (o el chillido de las mariposas)*


*Anécdota producto de la desmedida ingesta de coleópteros y de este inevitable anacoretismo.


Diez meses más tarde Cipria, la aérea, seguía allí, encuclillada, orinando sobre la hojarasca que cubría la rústica tumba de su hermano. Imposible que su perfecto contorno ensamblado al de los detalles de la plácida y afable campiña pasase desapercibido. El púbico lunar comestible, el relieve de las venas en sus manos, la magia de sus glúteos empinados, el almíbar de su efluvio clandestino; todo allí, parodiando a una perversa estampa que en el ocio agudo de Gimelia se hacía algo más que fotografía. El súbito descontrol en su estática de dolmen celeste, la instaba a frotar sus genitales hasta suscitar el asco que la moral defeca en toda naturaleza humana adjunta a una sociedad salpicada por la dialéctica del engaño.

A pesar de la fugaz continencia de Gimelia, el dorso de Cipria aparecía suscrito a su boca y aquel pequeño ano electrizado ya no era ese poro contráctil que se ocultaba al ritmo de las inevitables contracciones; al contrario, era la trompa misma de un pez dispuesta a recibir el anzuelo. Entonces Gimelia preparaba un té de menta y, encerrada en su escabrosa habitación repleta de posters jamás populares y de plantas disecadas, buscaba enfocar su hambrienta vista en un objeto intrascendente para poder distraer su irrecuperable fijación hacia la imagen de Cipria. Por pura inercia, se afianzaba de esos accesorios para maquillaje y aspiraba a jugar con ellos, pero lo único que se apreciaba en su espejo en forma de burbuja, eran dos pechos palpitantes sirviendo de base a dos recios pezones refulgentes y desesperados por ser tomados en cuenta a la hora en que el ímpetu fuese desatado.

La incontenible orina de Cipria estaba también en las cálidas piernas de Gimelia y ésta se olvidaba de la tumba, del hermano que nunca tuvo, del incesto que nunca llegó a perpetrar, del destino. Quizá sin desearlo, un llanto que a muchos les hubiera parecido fingido, surgía del demacrado rostro de Gimelia; ella no concebía su incapacidad de borrar de una vez por todas la rara presencia de Cipria, que seguía allí, encuclillada, pujando laboriosamente para que las ganas no cesasen nunca.

Y la cálida orina y su ámbar bañaban el cuello de Gimelia; el filtrado líquido se expandía por entre los pechos hasta posarse en su ombligo. Y ella no sabía otra cosa más que suponer que alguien la estaba bautizando; pero le dolía saberlo, pues le costaba aceptar que fuese apta para tales ceremonias. Sin creérselo demasiado, temía que en el fondo se estuviese cumpliendo uno de tantos deseos reprimidos; pero encontraba ridículo adjudicarle la culpa a Cipria; de entrada, porque sólo la había visto una vez, en el cementerio; y luego, pues porque era a Cipria precisamente a quien estaban enterrando.

Sin embargo, la historia de Cipria no habría de acabar con pueriles acosos imaginarios en la corta vida de Gimelia, incluso cuando ésta trató insistentemente de mudarse de cementerio. A un año de su muerte, en una tarde de ésas en las que revientan los capullos y hay chiquillos por todas partes robándose las flores y las lápidas de mármol recién colocadas, el olor a urea invadió su reducido espacio; una gotera incesante de líquido amarillo claro le produjo escalofríos y en sus níveas piernas se estrujó la geografía de sus muchos ligamentos, hasta que cerró los ojos y, pasase lo que pasase, imploró jamás abrirlos de nuevo.

15 comments:

Gálvez Suárez said...

Esta fue purisima ablución de los inocentes; la ablución fue en el texto y el inocente soy yo.

Algo de eleazarpardo tendrás, rafael.

A.

El Zopilote con Cañon said...

Madre!!! que denso este cuento, que motivo puede ser la existencia del mismo? no se ni quiero saberlo...hay una oscuridad muy unica.
Que cuenton vos, unico!!!

un saludo,

Rotcéh Sanedrác said...

Como siempre, gracias por ayudarme a devanearme el ser. Lo cierto es que me vi a mi mismo...Un abrazo.

Mar de Isaac said...

La cercania de la ceguera anima y atemoriza la simple situcion de lo que me atrevo a llamar vida.



Pronto vuelvo...

Die Walküre said...

Tu texto me encanto...¡magnífico!
Esa fuerza y ganas con que destilas cada detalle,unes cada situación y nos dejas listos a servir tamaño banquete...de realidades brutales,siniestras...livianas y dulces...
Vuelvo pronto,motivada siempre por tus letras....
Auf Wiedersehen!

alexisherrera_a said...

mezcla de desesperación y ansiedad.
mezcla de ignorancia y conocimiento.
mezcla sutilmente agresiva que me dejo en busqueda...

enfantterrible said...

Es perfecto, cada detalle visto con lupa, cada trazo marcado perfectamente. Un post genialucinante.

Un saludo.

critica32 said...

Y los capullos quisieron convertise entre si para quie la vida continuase.

Muy buena vida compadre.

Shekinah said...

Puede ser violencia... si, cierto!
magistralmente disfrazada!
O quizás fue un nacimiento.
Lo cierto es que, como cada cabeza es un mundo, cada quien tiene una manera de asimilarlos... es un buen texto! Seguro.
Gracias por mirar por mi ventana!
Shaludos!

tierragramas said...

wow
qué escatológica historia.
Pero me gustó. De verdad que me gustó.
Soy bien visual para mis cosas. Me pasa con la música, los libros e, incluso, con mis pensamientos.

Este cuento lo imaginé de piez a cabeza. Y orina, claro.

Trenzas said...

Por fin ya me dio tiempo para venir a releerte a gusto :)
Porque leer, ya había leído, pero eso no basta contigo. Hay que volver para acabar de comprender, y aún así, siempre me queda una duda. Estupendo, porque la lectura que no acaba en sí misma es la que más aprecio.
Me ha gustado muchísimo "Historias del vacío" :D Hace años escribí un cuentito de un grillo en mi habitación y ya lo había olvidado hasta que leí este tuyo. Naturalmente, el mío es muchísimo peor :DDD
Un placer poder leerte Rafael. No nos dejes, que aprendo mucho aquí.
Un abrazo

Loredana said...

Lo leí comiendo tallarines-
Pero con lentes la lectura. El color de las letras me mató la vista.

Almacaraluna said...

Genial señor, sin màs que comentarios que agradecerle por permitirnos perdernos en sus letras.

a said...

Mi desgarró las venas y los besos.. y las goteras de mi corazon se abrieron de nuevo... no creo que se vuelvan a cerrar

Un beso

El Zopilote said...

Han pasado poco mas de 10 años desde que lo leí, aún me pierde...