Friday, May 04, 2007

happening on-line


Entonces, dejé a un lado mi Rolling Stone, pedí a Óscar que bajase volumen al “Release the stars”, de Rufus, di un largo trago a mi tercera Amstel y, sin apartar la vista de sus desafiantes rostros, les grité:

«¡Eso es señores, el tiempo es nuestro. Vamos a falsear nuestro striptease antropológico. Saquemos nuestro narcisismo y nuestra alta capacidad para imitar lo ya imitado. No tenemos absolutamente nada, pero haremos lo posible para parecer que tenemos algo, que llevamos algo adentro que necesita ser dicho o ser expuesto. Acumulemos palabras en textos: todo vale. Las palabras están ahí, a nuestro alcance. Volvámonos poetas y emporquemos esta mierda de mundo con versos enfermos y mal elaborados. Publiquemos libros con nuestros ahorros y nuestros préstamos bancarios. Hablemos de nuestro día a día, como si algo de lo que hiciéramos fuese a cambiar la Historia. Contemos nuestras anécdotas y pongámoslas en espacios virtuales para que todos puedan llenarnos la vista (ahora no el oído) de estúpidos halagos. ¡Qué malditamente barato sale esto de ser popular sin serlo ni un ápice! El tiempo es nuestro. Ilustrémoslo entonces con sugerentes (o no) fotografías y posters que digan: yo no soy como tú, soy diferente: tengo estilo. Que todos sepan que somos modernos, que nuestro eclecticismo es más auténtico que el monstruo del Lago Ness. Si sibarita o anacoreta, da igual; el punto es PRETENDER serlo. Miles de Pat Bateman, de Bruce Robertson, de Edith Piaf. Ejemplares taiwaneses de Vallejo, de Girondo y de Panero. ¡Mierda y más mierda! (…) ¿Pretender que la literatura se encuentre entre montañas de ropa con taras de un Lefties? ¿Quién diablos dijo que House podía ser alguna vez un buen tema de conversación, de sobremesa y de tertulia? Saturemos entonces, como buenos puercos (sufriendo estas diarreas), el reino del dios del silicio con excentricidades, frases trilladas, lugares comunes, prototipos de masturbación mental y desesperados gritos implorando migajas de atención y de aceptación/reconocimiento. Somos libres, nos lo merecemos. ¿Qué tiene de malo autodeclararnos? Tampoco está mal ser panfletarios: nuestra opinión tiene derecho a tener peso. Sigamos siendo cursis, todo lo Tellado posible. Sigamos siendo farsantes, todo lo Coelho posible. Ensalcemos la emoción pura y erijámosle una estatua como a La Sirenita. Pongámosle sustantivos sueltos a nuestras chillantes cartas de presentación: gelatina, elevador, revólver, sábana, bicicleta, lápiz, alfiler, etc., y seamos. Lo que sea, minimalistas náuseas, pero seamos. Intentonas, mediocres intentonas. Pequeños tontos dioses. Y canonicémonos, infantilmente. El tiempo es nuestro y hay tiempo para todo. Si Juan Web 2.0 puede, ¿por qué yo no?!»

Y entonces ellos, como tú, se vieron entre sí y callaron. Alguien se acercó y me ofreció su mano, pero estaba vacía y yo necesitaba monedas para más cerveza. Sólo así podía mantener viva la idea de seguir desnudo, frente a todos.

6 comments:

Pablo Hernández M. said...

amen!

Pablo Fuentes said...

genial.
genial.
genial.

puta,
"Intentonas, mediocres intentonas. Pequeños tontos dioses. Y canonicémonos, infantilmente. El tiempo es nuestro y hay tiempo para todo."

genial.
genial.

m said...

tantos santos para tantos devotos haya, igual lo santo solo habita en lo que no convence

salud

m

guillermo said...

observarse desde fuera a uno mismo no es difícil, contar al resto lo que vimos cuesta un huevo.
muy bueno

mari-ana said...

Pretender serlo...

jaja de eso ahora vive el mundo.

Estaba revisando varios blogs, ahora que leí este post me acorde de uno.

Salud por tus letras.

Anonymous said...

Bestial.
el enfermo conoce que tiene cáncer
que hace?

Moni