Tuesday, December 20, 2005

momentum


Ella me llevaba de la mano.

Corríamos.

De sus ojos brotaban gotas de esperma.

Lo supe por el olor.

En el parque había dos o tres cerdos degollados descansando sobre la fuente del centro.

Ella los saludó con una reverencia y me cargó con sus brazos.

Su rostro ahora era un espejo y pude verme reflejado.

Yo era una niña y no parecía estar asustada.

Ella, con tristeza en su cara desnuda, me dijo que ya no me necesitaba y me lanzó a la fuente de
los cerdos degollados.

Quise salir de allí enseguida, pero no pude.

Me habían crecido senos en forma de berenjenas, y pesaban.

Adentro, junto a mí y a mis senos, flotaban las cabezas de los cerdos.

Una de ellas me pidió que la amamantase.

Lo hice.

De mis senos brotaba también el esperma.

Sentí una angustia enorme al pensar que pronto vendrían las otras dos cabezas y no me alcanzaría el esperma para amamantarlas.

5 comments:

Erick said...

El verbo que se doblega ante el peso de lo onírico. Un bello pasaje surrealista, mi querido Rafa. El complemento visual-nasal me impresiona igual, ya sabes, yo y los colores. Que este nuevo año sea el tuyo, deseo.

Pablo Fuentes said...

Intenso.
Grotesco.
Maravillosamente lleno de fuertes imagenes.
Conflictivo.
Muy crudo.
Muy tuyo.
Muy mio.
Muy bueno para el que lo entienda.

Anonymous said...

¿PÁNICO, NO?

Trenzas said...

¡Que buen trabajo..! Casi me has hecho temer al sueño, porque yo sí que me he asustado :)
Intensas imágenes. La fotografía imposible de captar con la cámara.
Y mejor así.
ya que estoy aquí, te deseo un feliz año y que todas las palabras acudan a ti cuando las requieras.
Un abrazo grande

Daanroo said...

¡Ella,...! suena como si llamase a su conciencia... me gusta eso de los cerdos degollados, el hombre siempre los lleva encima, en cuanto a la fuente, indiscreción no es....¡ Pero, porqué no dejó que el esperma nadase en ella...?!

¡por cierto, los deseos a veces se cruzan, y ponen cara de berenjena, el encuentro es si usted los ensarta en palitos de doble filo, o los deja a la deriva, donde los encuentren los reflejos de una mortandad que no respira... o que a la larga, se cuece en su propio caldo de especies...