Monday, August 15, 2005

elucubraciones (in)citables


soy demasiado prudente y quisiera un violín entre las rocas, una lágrima abatida de la noche
al volver de la velada de la vida, un semidios duramente eliminado por mi culpa

ya la sangre burbujea sin la ayuda de las páginas de una nómina de rutas memorables y autopistas pensativas. un cernícalo se escapa de mis sueños y se posa en las almohadas dejando manchas amarillas. El humor corporal ondea en la bandeja de la redención donde flota una vacuna

no hay que preguntarme nada. si del amor sólo me tocó lo apócrifo, si fui prevaricado, si el mantel de los cupidos fue extendido sobre un desestimado sueño, si sufro de ficción y de carburadores, o si por el contrario, tan sólo me fascina llamar la atención y ser amable

fue una buena idea nunca haber escrito en una de mis puertas aquello del “monotemático error y criminal diagnóstico de omnímoda versión ese del amor civil y su orfandad humana”. Habría sido una vergüenza milenaria tan innecesaria como la mismísima amargura de un desierto

veo en el espejo mi pululante tuétano, hasta su millonésima parte, también sus criptas, también sus cables. abatida mi matriz de bocaluna. plancton y mostaza en mi mayúscula infancia nunca tan remota. me conmueve el control de mis incorporaciones en la vida pública, allí todo es una falacia rancia que ya no agobia

estar solos no depende de nosotros sino de los otros, los que están apostando las posibilidades sociales, los que creen en las utopías, los dioses

algún día tendré alas y olvidaré mis palabras inmaduras, los vástagos de mi silencio; y me guiaré por el desorden de las estatuas erigidas, y luego, después de los días subterráneos, resucitaré y la tierra echará de menos mi fanfarria, sus nutrientes clamarán mi nombre y añadiré motivos a mi vida

ayer jugué con la baba y hoy que estamos aquí, juego con el tiempo y transpiro cronologías color y esencia. soy, sin verme así, mi competencia

un día de estos tomaré una siesta y mataré a mi hermano, porque hermanos, habrá muchos

talvez no seré lo preciso, pero en las fotografías siempre salgo con bufanda, siempre tengo detrás de mi facha a un buen saltimbanqui despiadadamente triste y angustiado, su cuero cabelludo reseco y sus seis ganglios en salmuera

con la otra punta del pie es con la que me desplazo dejando que las notas de mi piano me dirijan. soy un camaleón moreno y abro mi diafragma y mi armazón para que las niñas
entren a leerme poesías

los besos son camellos radicales y ostentosos. me parece que antes de llegar aquí pensaba ser gasolina, hocico de perro, cálculo renal y no ESTO



De “Intemperie: seis sesiones y un anexo con los sesos sediciosos de un sicario”, © Rafael Romero, 200
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5 comments:

Malena said...

tan poético, tan sustancial... no sé qué más decirte... tú mismo sabrás que a veces las palabras se quedan cortas... muy amena la lectura, también

V8 juice pack said...

la foto: genial... (muy a tu estilo); los textos: complejos (muy a tu manera); un consejo: seguí haciendo lo que se te de la gana, si así sos bueno.

rocío said...

"algún día olvidaré mis alas y..." me gusta este... dice mucho, sin duda... y es más explícito que el resto... Estoy de acuerdo con el V8 sobre la foto... buenísima!!!

cabrera said...

A mí la foto más bien se me hace bizarra, pero depende de quién la vea, ¿no? el concepto en sí es sugestivo, da para muchas interpretaciones... ustedes me dirán

J said...

los textos dan para mucho, creo... son medio surrelistas... pero igual se les puede sacar por ahí un poco de sustrato... de igual forma, no se sí sea cierto, pero Rafael está un poco descontextualizado, su estilo es un poco antiguo... o sea, es elegante, pero va dirigido a gente selecta... y de esos hay pocos... a mí, personalmente me insta, es como un reto estético, aunque difícil